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El broker Danilo Diazgranados consiguió una vida de lujos en República Dominicana gracias a opacos negocios financieros en Venezuela


República Dominicana, un país del Caribe que comparte la isla La Española con Haití, se ha abarrotado de venezolanos. Su número se ha multiplicado a medida que la economía venezolana se ha ido colapsando. En 2012, eran unos 3.400 en todo el país. Ahora, pasan de 40.000. Llegan con visados de turista y nunca se van. Y viven de vender cosas en las puertas de los supermercados, en los semáforos, y de hacer los trabajos que les van saliendo. También abundan en los restaurantes, tanto en las cocinas como en los trabajos de cara al público, en el servicio doméstico. La laxitud dominicana a la hora de exigir papeles para dar un puesto de trabajo les ayuda a encontrar vías de supervivencia. Los dominicanos también dicen que algunos de ellos participan en otras actividades, como la prostitución, que es legal en ese país.

Así, los inmigrantes de habitantes del país con más petróleo del mundo -Venezuela- pugnan, así pues, con los del país más pobre de América -Haití- por los trabajos peor pagados en República Dominicana.

Según un reporte de Pablo Pardo en 2019 para el español El Mundo, los venezolanos tienen fama de ser trabajadores y de no causar problemas, y son vistos con muchas más simpatías que los haitianos, con quienes los dominicanos han tenido una relación históricamente muy complicada. El hecho de que racialmente venezolanos y dominicanos se parezcan hace difícil que "la camiona" -el nombre del vehículo de las autoridades de inmigración- los identifique. Los haitianos, que son mucho más oscuros, no tienen esa suerte.

En línea recta, Punta Cana está tan lejos de Caracas como Huelva de Gerona. Así que los dos extremos de la inmigración -los 'boliburgueses' y los desesperados- coexisten. Pero sin mezclarse. Los primeros viven tras mansiones con muros de cinco metros de alto en urbanizaciones de acceso restringido a cuya puerta los exiliados venden lo que pueden.

Nadie sabe con exactitud ni cuántos refugiados ni cuántos 'financiadores' o altos cargos del chavismo hay. Todo son rumores.

El dueño de Villa La Caracola es la epítome del 'boliburgués': el multimillonario venezolano Samark López Bello, acusado en los Estados Unidos por lavado de fondos del narcotráfico. El 12 de mayo de 2019, la policía dominicana, en una operación conjunta con las autoridades estadounidenses, entró en Villa Caracola, con la intención de arrestar a López Bello para extraditarlo a Estados Unidos. No lo encontraron, aunque detuvieron a cuatro personas -dos venezolanos y dos colombianos- y se incautaron de 43.000 dólares (38.500 euros) en metálico y tres coches deportivos.

La presencia de López Bello es sólo otro signo de que Punta Cana es, con Miami y Madrid, la capital mundial de la élite venezolana de “boligarcas”, y uno de los centros de operaciones de la amplia red de empresas y canales financieros creados por el chavismo para eludir las sanciones internacionales. Pocos han logrado, sin embargo, el grado de virtuosismo de Danilo Diazgranados, que vivió durante al menos una década en el exclusivo barrio de La Romana, en Santo Domingo, la capital del país.

El caso de este banquero es digno de estudio. Diazgranados no sólo ha logrado rentabilizar sus excelentes conexiones con el chavismo, que fueron conseguidos, en parte, gracias a que dos de sus socios, Ramiro Helmeyer y Alex del Nogal, compartieron cárcel con el fallecido líder cuando éste estuvo en la cárcel por golpista, a principios de la década de los noventa. Es que también es socio del ex portavoz de Donald Trump, Anthony Scaramucci. Diazgranados no sólo fue socio de Scaramucci, sino que en 2017 le compró, conjuntamente con la empresa china HNA, su 'hedge fund' (un tipo de fondo de inversión que no está regulado) por 180 millones de dólares (161 millones de euros), según la agencia de noticias financieras 'Bloomberg'.

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