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Miembros sublevados y desmovilizados de las FARC de Colombia libran guerra por una fortuna en oro y los restos mortales de un exlíder


La última guerra dentro de las FARC es por media tonelada de oro y el esqueleto de Tirofijo

Por GONZALO GUILLÉN
lanuevaprensa.com.co

La última guerra intestina de las desaparecidas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, se libra con cartas anónimas insultantes y amenazas por dos motivos insolubles: alrededor de media tonelada de oro puro y el esqueleto despresado de su extinto jefe histórico y fundador, Pedro Antonio Marín (“Manuel Marulanda” o “Tirofijo”).

Todo ese oro, cuyo valor actual en el mercado internacional supera los tres millones 50 mil dólares, llevaba al menos ocho años enterrado en cercanías de la confluencia de los departamentos de Guaviare, Meta y Caquetá cuando, en 2012, el comandante Julián Gallo (“Carlos Antonio Losada”), hoy senador de la república, recibió una instrucción del jefe supremo, Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, también senador en este tiempo:

—Asegure ese oro —mandó.

La misión se convirtió en un imposible debido a las marcas precarias en un mapa rudimentario dibujado en un papel con el que debía hallar el sitio exacto. Por lo común, la localización de estos tesoros se basa en referencias como determinados pasos en algún sentido desde la orilla de una quebrada, a cierta distancia de un roble y a un costado específico de una roca monumental. En aquellas regiones las condiciones del terreno cambian en el transcurso del tiempo por efecto de los diluvios amazónicos constantes, los sismos y otros factores que les otorgan a los entierros la facultad de “caminar”. Es por ello, inclusive, que resulta tan improbable y gravoso en Colombia desminar viejos campos de guerra.

Gallo buscó durante meses la media tonelada de oro con un pequeño grupo de guerrilleros en el que estaba un hijo de Marulanda llamado Enrique Marulanda.

Cavaron en distintos sentidos tratando de adivinar las variaciones del suelo sin encontrar el menor vestigio del tesoro. Pero sí dieron con señales del paso de tropas del ejército y comenzaron a analizar con atención la posibilidad de que alguna patrulla militar hubiera hallado el oro primero que ellos.

Cuando tuvieron la certeza de haber removido la tierra en toda la zona de interés y sus proximidades, Gallo reportó a sus jefes el fracaso de la misión y se expuso a la posibilidad de ser considerado sospechoso de haberse alzado con el enorme caudal. Empero, recibió en respuesta instrucciones de permanecer en la zona hasta cuando llegara José Benito Cabrera Cuevas, alias “Fabián Ramírez”, quien había enterrado la fortuna y, con el mejor conocimiento del lugar que tenía este último, hallaron, por fin, la media tonelada completa de oro puro.

Con el objeto de culminar la penosa misión de asegurar el oro, Gallo dividió los lingotes en tres partes iguales y mandó que cada una de estas fuera enterrada de nuevo en sitios diferentes. Una quedó a cargo de Enrique Marulanda, la otra de alias “Darío” y la tercera de un combatiente desmovilizado que hoy coopera con el gobierno tras los acuerdos de paz de La Habana y cuya identidad no puede ser revelada.

La porción puesta a cargo de “Darío” se perdió cuando este murió y se llevó el secreto del lugar donde la puso bajo tierra.

La segunda se encuentra en manos de Enrique Marulanda, el hijo de “Tirofijo” que tuvo a menos los acuerdos de paz mediante los cuales se desmovilizaron la mayor parte de las FARC y sus tropas entraron a la vida civil colombiana, con excepción de unas disidencias que aún tienen cerca de mil 400 forajidos en armas, entregados al pillaje, el narcotráfico y el bandidaje.

Enrique Marulanda está guarecido en una zona de montaña de Venezuela, limítrofe con Colombia. Lo acompañan, entre otros, Luciano Marín Arango, alias “Iván Márquez”, de 65 años de edad; Henry Castellanos Garzón, alias “Romaña” (55); Hernán Darío Velásquez Saldarriaga​, alias “El paisa”, y Seuxis Pausias Hernández Solarte, alias “Jesús Santrich” (53), ciego y reclamado por narcotráfico en Estados Unidos. Este grupo se ha autodenominado “Nueva Marquetalia”, en memoria de la región del departamento del Tolima en donde “Tirofijo” y otros rebeldes liberales conformaron las FARC en los años 60, la que habría de llegar a ser la organización guerrillera comunista más grande del mundo.

La tercera parte del cargamento de oro quedó entonces al cuidado de alias “Darío” y se encuentra todavía en un territorio selvático del sur de Colombia dominado por el disidente Miguel Botache Santillana, alias “Gentil Duarte” (57), a cuyo mando está el control de las principales rutas de la cocaína que pasan por México, Ecuador, Perú y Brasil.

La recuperación de esta tercera parte del tesoro está a cargo de un excombatiente de las FARC que intenta desenterrarla exponiendo el pellejo con la ayuda de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), organismo mixto creado para recibir y administrar los bienes que las FARC debe entregar al estado como parte de los acuerdos de paz para indemnizar a sus víctimas. Esta porción del oro, escondido en lo que ahora son tierras minadas y custodiadas por el forajido “Gentil Duarte”, es, por ahora, de dificultosa extracción.

En abril de 2018 el jefe desmovilizado Pastor Alape anunció la entrega a esa entidad de otros 100.166 gramos de oro, con lo cual se elevó a 256 mil gramos lo que ha sido entregado al estado. Alape ahora es el delegado de las FARC ante el Consejo Nacional de Reincorporación y miembro de la dirección del nuevo partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC).

Los sublevados de la paz “Romaña” e “Iván Márquez”, mantienen desde Venezuela un frente de exaltados ataques verbales y amenazas escritas anónimas contra los comandantes que se acogieron a los acuerdos de paz y hoy conforman el partido político derivado de los pactos de paz. Los acusan de haber robado parte del oro y de supuestos crímenes cometidos después de la firma de los acuerdos.

Más que por el oro, los disidentes agazapados en Venezuela han emprendido una guerra intestina por la tenencia del mayor de los íconos de las FARC: los despojos mortales de “Tirofijo”, quien murió por causas naturales en marzo de 2008, a los 78 años de edad. Inicialmente estuvo sepultado en límites de Caquetá y Guaviare, hasta cuando “Timochenko” también comisionó esta vez a Gallo para exhumarlos y asegurarlos.

Hallaron la tumba y al extraerlo se encontraron con que el cadáver de “Tirofijo” estaba convertido en momia. De manera que, para poder trasladarlo a un lugar seguro, fue desmembrado y este procedimiento los disidentes de Venezuela lo elevaron de manera oportunista a la categoría de sacrilegio, hurtaron los despojos y se los llevaron en su huida.

“Iván Márquez” y su disidencia se han entregado con fanatismo a la práctica del espiritismo. Aseguran mantener diálogo con el espíritu sagrado y para ellos atormentado del jefe histórico. Utilizan sus huesos y las órdenes sobrenaturales de batalla que, según sienten, el gran comandante les hace llegar desde el inframundo para volver a la guerra y deshonrar a quienes se acogieron a la paz.

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