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Los hechos sobre el empresario Alex Saab que permiten comparar sus negocios con el caso Odebrecht


Por Roberto Deniz | EL PAÍS

Durante muchos años Alex Saab Morán fue un misterio. Su detención en Cabo Verde hace año y medio y su reciente extradición a Estados Unidos, completada la semana pasada, llevaron su nombre y su imagen a las redes sociales, a los periódicos y noticieros de medio mundo. La acusación en una corte del Estado de Florida por lavado de cientos de millones de dólares y su supuesta condición de testaferro de Nicolás Maduro son los señalamientos que más lo persiguen. Pero hay más: los secretos de Alex Saab tienen un alcance aún mayor.

El poder que Saab consiguió le permitió relacionarse con círculos políticos y empresariales fuera de Venezuela. Su amistad con la exsenadora colombiana y aliada internacional de la revolución bolivariana, Piedad Córdoba, por ejemplo, fue clave para su desembarco en Venezuela; cuando sus negocios ya despuntaban en Venezuela el primer ministro de Antigua y Barbuda y aliado incondicional del chavismo en foros internacionales, Gaston Browne, le otorgó en 2014 una especie de pasaporte diplomático que estuvo vigente hasta 2019. Bancos de esa jurisdicción caribeña fueron, precisamente, unos de los que Saab uso más para mover torrentes del dinero que recibía por los contratos en Venezuela.

Durante años Alex Saab y sus socios abrían y cerraban sociedades de papel en Hong Kong, Panamá, Malta, Turquía o Emiratos Árabes Unidos a la medida de cada oportunidad; cultivó relaciones con abogados poderosos e influyentes prestos para defenderlo cuando hiciera falta. Más recientemente, fue la bisagra para las exportaciones de oro a Turquía o para intercambios con el régimen de los ayatolás en Irán. Y cuando la justicia de varios países lo vigilaba pudo instalar parte de su familia y sus negocios a Moscú.

Todas esas conexiones convierten el caso de Alex Saab en un asunto trasnacional, en una especie de nuevo caso Odebrecht. Ahora no es Brasil, sino Venezuela, el eje de una trama de negociados oscuros con actores poderosos en varios países. En la historia de Odebrecht la figura de la “delación premiada” ayudó a la justicia brasileña a desnudar el modus operandi de la gigante de la construcción; aquí Saab podría negociar con las autoridades norteamericanas su destino personal a cambio de esa valiosa información.

Por ello, la imagen de Alex Saab esposado y vestido de naranja en su audiencia de presentación el pasado 18 de octubre perturba no solo en Caracas. En Colombia se anunció que la Corte Suprema de Justicia investigará esa relación entre Saab y la exsenadora Piedad Córdoba. Quien fuera su abogado durante años en ese país y acérrimo crítico de la “tiranía” venezolana, Abelardo De La Espriella, también salió a dar explicaciones sobre su cliente. El Parlamento de Ecuador anunció una investigación sobre el rastro de Saab por ese país en busca de algún cabo suelto en la causa que la Fiscalía de ese país mantuvo por años y directamente relacionada con aquel primer contrato para la construcción de viviendas prefabricadas que el empresario barranquillero pactó con el régimen chavista.

Ha transcurrido casi una década exacta de la firma de aquel primer gran negocio en el palacio de Miraflores ante Hugo Chávez y un Nicolás Maduro, entonces en rol de canciller. Nada hacía presagiar que diez años después Alex Saab se convirtiera en el nuevo héroe de la revolución bolivariana, que estuviera en el centro de una disputa entre Venezuela y Estados Unidos, que Cuba, Rusia e Irán aboguen por él o que Baltasar Garzón asuma su causa con la misma vehemencia con la que alguna vez intentó apresar al dictador chileno Augusto Pinochet.

Hoy la historia permite afirmar que si alguien se benefició con la muerte de Hugo Chávez y el inmediato ascenso de Maduro, ese fue a Alex Saab. Con mucho sigilo y mientras Venezuela se hundía en la peor de sus crisis económicas, Saab acumulaba contratos de toda clase con la bendición de Maduro: construcción casas, gimnasios populares o estadios de béisbol, acceso a divisas preferenciales, negocios petroleros, suministro de alimentos, proveedor de supermercados estatales o el control del oro venezolano. Así hasta convertirse en una suerte de súper ministro en la sombra que deambulaba libremente por el palacio de Miraflores y emisario del propio Maduro.


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