EL PUBLIQUE

EL PUBLIQUE

Juan Carlos Buitrago: ¿Podremos derrotar la hidra de Lerna? | Colombia


Por Juan Carlos Buitrago Arias | Opinión

¿Llegará el anhelado momento de acabar con este monstruo de diez mil cabezas, cuya capacidad de reproducción, crueldad y resistencia acecha nuestros quehaceres cotidianos, como en la mitología, con la indomable e imbatible hidra de Lerna? ¿Por qué no hemos salido de la mal lograda lista de los pocos países del mundo donde el crimen y la violencia son el torbellino cotidiano en los medios de comunicación, y desafortunadamente de la monotemática y desgastada conversación nacional? La respuesta está a la vista: afrontamos una realidad irrefutable de criminalidad, un narcotráfico con graves tentáculos, una competencia sangrienta por el rating en la noticia, y un infatigable y sobrehumano esfuerzo de las autoridades para librarnos del crimen. Verdades de a puño, que nos trasladan constantemente de una cruda verdad a una inimaginable ficción, como si nuestro territorio se hubiera transformado en una especie de colonia de hidras, donde abundan los criminales, inmunes a la extinción, avanzando como zombies hambrientos, que mutan por generaciones y donde la resiliencia de los habitantes dificilmente tiene cabida.

Alias Popeye uno de los sicarios más sangrientos de Pablo Escobar se convirtió en YouTuber, autodenominándose con cínico orgullo el “general de la mafia”, alcanzó más de 300.000 seguidores en las redes sociales. Otros narcotraficantes, paramilitares, terroristas y delincuentes de cuello blanco ocupan amplios espacios en los medios de comunicación, sus testimonios, alevosía y osadía criminal se utilizan para aumentar el rating, fabricar testigos, montar pruebas, generar caos, zozobra y animosidades; y obtener ventajas con fines políticos, en el marco de lo que podríamos denominar “corrupción ideológica”, que se aviva sin freno en época electoral. Tambien, y entendible por cierto, las autoridades incurren en el frecuente error de crear monstruos, que se posicionan como los más buscados y se perfilan como los más grandes delincuentes de la historia. Quizá es hora de evolucionar y girar diametralmente la estrategia de comunicación. ¿Cada tres décadas tendremos un monstruo de los Andes? ¿Un Pablo Escobar? ¿Un Tirofijo? ¿Un Otoniel?

Cayó Otoniel el jefe del clan del golfo, un gran alivio; y ahora está a la cabeza, otro macabro criminal, el que posee el ADN de la organización criminal, no es alias. Chiquito malo, este sigue al frente del control del narcotráfico, y sigue el círculo interminable de bandidos, que claro están delinquiendo, porque no es el fin de esta mafia, son 24 estructuras y 1280 delincuentes que hay que capturar, neutralizar, o someterlos a la justicia.

Se desmovilizaron las Farc y surgieron las disidencias, que no son las Farc, son auténticos narcotraficantes que monopolizan la producción y tráfico de estupefacientes, ahora en cabeza de Iván Márquez y Gentil Duarte. Las autodefensas se sometieron a la ley de justicia y paz y sus cabecillas fueron extraditados, y nacieron las bacrim, que aún existen, denominados de múltiples formas, dispersos en 284 municipios, entre ellos el clan del golfo, los caparrapos, etc.

Somos el país de los alias. Cada día surge uno nuevo, y nosotros mismos los engrandecemos, a veces le damos la importancia que no tienen y ante la exigencia por resultados, llenamos las calles de carteles con los delicuentes de alta peligrosidad más buscados. Así opera la DEA, el FBI, Scotland Yard, Interpol, pero su enfoque es altamente selectivo y estratégico.

Colombia debe proscribir su mala imagen ante el mundo que nos ve como una colonia de hidras, como una “fábrica de criminales”, y nosotros mismos somos los principales responsables de este desprestigio, con relativa razón la medición anual de índice global del crimen nos ubica como los segundos en el mundo después de la República del Congo con mayor criminalidad.

La estrategia de comunicaciones de las autoridades de justicia y de los organismos de seguridad del estado, debe modernizarse, salir de lo mediático, superando la afugia de la coyuntura y procediendo con foco estratégico, organizado y concertado a partir de las directrices de la nueva política criminal anunciada hace algunas semanas. La sociedad está hastiada de la violencia y la criminalidad y un paso trascendental está en la forma y el contenido de cómo se comunican los asuntos relacionados con la seguridad. Esta sobrecarga diaria y negativa enferma al ciudadano.

Existen modelos de democracias maduras donde la comunicación se circunscribe a los reportes de los órganos de justicia sobre decisiones ejecutadas y no en anuncios espectáculo. Una narrativa positiva y afinada sobre los esfuerzos que cotidianamente hacen las autoridades para garantizar la convivencia y la seguridad ciudadana afianza la confianza, la armonía y crea escenarios de tranquilidad y seguridad. La Policía Nacional por ejemplo ha puesto en marcha el programa de la policía del vecindario, que aproxima mucho más al ciudadano con los asuntos de seguridad. De aquí se desprenden simples actuaciones que generan grandes satisfacciones y transformaciones.

No necesitamos a Hércules para eliminar la hidra de Lerna. En nuestro país, este monstruo de diez mil cabezas desaparecerá, cuando los criminales se queden sin plata y sin bienes, cuando desaparezcan los cultivos ilícitos, cuando las cárceles cumplan con su misión resocializadora y rehabilitadora y dejen de ser cultivo del delito; cuando los jueces no permitan que los reincidentes vuelvan a las calles; cuando se decrete la prisión perpetua para psicópatas criminales, cuando se restablezca el respeto por la justicia y la autoridad; cuando la corrupción no se robe los dineros de los programas sociales y de educación; cuando la criminalidad deje de ser noticia, salga de nuestras vidas y nos ocupemos de la prosperidad, el bienestar, la convivencia y la seguridad ciudadana. En fin, cuando la seguridad se convierta en una distopía y deje de ser una verdadera y desesperanzadora utopía.

LPNSN: Será imposible acabar con el narcotráfico sin la reactivación de las fumigaciones aéreas. Se pueden desmantelar los laboratorios, pero siempre habrá una guarida en la espesa selva para ensamblarlos.

Publicar un comentario

0 Comentarios