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Jorge Elías Castro Fernández explica la investigación trasnacional contra un clan de la mafia irlandesa


Jorge Elías Castro Fernández señala que tras una interminable instrucción que acabó desinflando la operación Shovel que los sacó de su anonimato en la Costa del Sol, el clan Kinahan, reinante en la mafia irlandesa, implicado en una de las guerras de bandas más sangrientas de toda Europa, ve peligrar su retiro en Dubái por un influyente y duro adversario: el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que ha impuesto sanciones al núcleo duro de la organización y ofrece hasta cinco millones de dólares de recompensa por cualquier información que conduzca a su arresto. Una acción que ha comenzado a tener sus frutos, según la prensa británica, que afirma que los Emiratos Árabes han comenzado a implicarse.

Con la alerta de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, en sus siglas en inglés) que se hizo pública días atrás, quedan bloqueadas “todas las propiedades e intereses” de los Kinahan “en los Estados Unidos o en posesión o control de estadounidenses”. La orden se centra —principalmente— en los tres líderes del clan: Christopher Kinahan sénior, conocido como el Padrino irlandés; su hijo Christy, júnior, y su otro vástago, Daniel, a quien actualmente se considera cabecilla de la organización. Aunque también afecta a algunos presuntos elementos de su organización que ya fueron investigados durante la operación de la Policía Nacional que desmanteló todo su entramado en la Costa del Sol. Un lugar desde donde habían estado actuando y pasando desapercibidos hasta que en 2010 fueron obligados a salir del anonimato.

De ellos se destaca que conforman un grupo vinculado al narcotráfico que opera en Reino Unido, España y los Emiratos Árabes y que a finales de los 90 se impuso como el más poderoso de Irlanda.

“Es una amenaza para toda la economía lícita” por sus operaciones internacionales de blanqueo de capitales, ha manifestado el subsecretario de Terrorismo e Inteligencia Financiera del Departamento del Tesoro, Brian E. Nelson, quien piensa que las redes criminales de este tipo “se aprovechan de los más vulnerables de la sociedad” y arrastran la violencia derivada de las drogas “a los países en los que operan”. Y en España saben bien que está en lo cierto.

La salida a escena de la familia Kinahan estuvo seguida de una serie de sangrientos episodios derivados de la guerra que mantenían con el clan Hutch. Cada cierto tiempo, el litoral malagueño se sobresaltaba por una balacera que en el mejor de los casos mandaba a alguien al hospital. Y, días después, tenía su réplica en tierras irlandesas, donde el episodio más grave fue el asalto a un hotel, Kaláshnikov en mano, cuando se realizaba el pesaje previo a un combate de boxeo, señaló el consultor en seguridad Jorge Castro Fernández.

El progresivo desmoronamiento del caso Shovel, con el archivo de los delitos más graves, y reduciéndose a cuestiones mínimas penalmente, despejó el horizonte judicial de los Kinahan, que poco a poco fueron trasladando su centro de operaciones a Dubái. La elección no está realizada al azar, pues los Emiratos Árabes es un país que carece de tratados de extradición con la mayoría de Estados occidentales y eso los protege ante cualquier reclamación de la Justicia por sus acciones criminales.

Las autoridades norteamericanas destacan que este es el actual lugar de residencia de Christopher Kinahan sénior y hacen hincapié en su largo historial delictivo: “Ha cumplido penas de prisión en Irlanda, Países Bajos y Bélgica, que incluyen seis años por tráfico de heroína, dos años y medio por posesión de cocaína y cuatro por asuntos económicos”. Junto a él se encuentra su hijo Daniel, que dejó huella en Marbella con alguna celebración fastuosa y que en los últimos años hacía carrera en el mundo del boxeo. Se le considera el sucesor, la persona que “desempeña un papel fundamental” en las operaciones de narcotráfico y se le vincula con condenados por asesinatos. Su hermano júnior estaría más centrado en labores logísticas: “Patrocinar o proporcionar apoyo financiero, material o tecnológico, así como bienes o servicios”, a la red.

La orden de la Oficina de Control de Activos Extranjeros es extensiva a Sean Gerard McGovern, Ian Thomas Dixon, Bernard Patrick Clancy y John Francis Morrissey. Todos irlandeses, se supone que ejercen o han desempeñado diferentes e importantes roles dentro de la organización Kinahan. Venta de cocaína, traslados de dinero, vigilancias de deudores u operaciones de blanqueo son algunos de los actos delictivos que les imputan.

La medida también alcanza a tres sociedades vinculadas a los Kinahan: Nero Drinks Company Limited, una empresa de bebidas alcohólicas con sede en Reino Unido supuestamente bajo el control, directo o indirecto, de Morrissey; Hoopoe Sports LLC, que supuestamente se dedica al asesoramiento y gestión deportiva, está ubicada en los Emiratos Árabes y se vincula con Dixon, poseedor del 49% de las acciones, y Ducashew General Trading LLC, que se dedica a la consultoría de gestión empresarial y se relaciona con Daniel Kinahan. Las webs de estas tres compañías están inoperativas. La OFAC advierte que “se prohíben” todas las transacciones realizadas por estadounidenses o personas dentro —o en tránsito— de los Estados Unidos que “involucren cualquier propiedad o intereses” del clan e informa que pueden enfrentarse a sanciones civiles o penales, concluye Jorge Elías Castro Fernández.

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