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Juan Carlos Buitrago: Atrapado en la Red | Colombia


Por: Juan Carlos Buitrago Arias | Opinión

Las2Orillas

El señor general Eduardo Zapateiro, comandante del Ejército Nacional de todos los colombianos desde 2019  y soldado de la patria por más de 37 años, tiene todos los pergaminos, la experiencia, reconocimiento y legitimidad para conducir con fuerza y  liderazgo a nuestro Ejército Nacional, el que se siente orgulloso del primer soldado de la patria al frente de la tropa.

Ahora bien, no hay duda que el general Zapateiro cayó en la seducción de las redes sociales, quedando atrapado en el escrutinio manipulador  de la polarización política,  lo  que no  puede  ocurrirle a  un general de la República y menos al máximo comandante de nuestro Ejército Nacional, cuya dignidad e investidura representa la grandeza de un líder. Y es aquí donde resulta realmente lamentable, que alrededor de sus declaraciones terminara entre la espada y la pared, por cuenta de un debate politiquero que era previsible, se podía evitar y porque guarda connotación especial en la coyuntura actual, marcada por un contexto altamente sensible y excepcional, en plena campaña electoral, donde  lo que se diga seguramente tendrá inesperado efecto  proselitista.

Y frente al complejo contexto descrito, a la Fuerza Pública le corresponde, con mayor razón, concentrarse en su misión Constitucional, y en época electoral, proteger, respetar y garantizar el ejercicio político de los candidatos presidenciales en igualdad de condiciones, independientemente de su origen, pasado, ideología política, y de lo favorable o no que nos parezca. Opinar y/o actuar en forma individual o colectiva, en público y/o privado por fuera de este marco, es mal ejemplo, atenta contra la doctrina y coloca a las Fuerzas en la línea roja de ser deliberantes, y las inmiscuye en debates inoficiosos, pero perjudiciales, que se interpretan y manipulan como participación en política, tal como ha ocurrido. Apalancarse en las reservas activas para exteriorizar los sentimientos castrenses y policiales, siempre será la fórmula menos lesiva y más efectiva, aunque el efecto siempre no sea el esperado.

Colombia con su Constitución del 91 avanzó en la transformación de las relaciones civiles y militares, optando por cambiar la tradición y designar ministros de Defensa con origen civil. Ha sido una evolución necesaria y positiva, porque aquí radica la interlocución política en los asuntos de seguridad y defensa, que no es tarea de los comandantes de Fuerza, y que junto al director general de la Policía les corresponde enfocarse en la conducción operativa de las Fuerzas.  A las oficinas de comunicaciones y vocerías de las Fuerzas, les corresponde hacer su trabajo, así como al ministro de Defensa, que lo ha hecho, con inteligencia, vehemencia y carácter, cuando se trata de defender a los soldados y policías de la patria, en todos los escenarios.

El carácter y firmeza de los generales, pierde sentido y autenticidad cuando se magnifica en las redes sociales, o en los medios de comunicación, pues este subyace en la coherencia y pulcritud para  NO negociar los principios, ni los de las instituciones, cumpliendo irrestrictamente el deber constitucional por encima de intereses e influencias políticas.

Los soldados y policías de la patria en época electoral  les corresponde  proceder con máxima cautela, evitar  el más mínimo asomo que pueda entenderse como deliberación, apoyo o simpatía con  candidaturas en contienda. Y los políticos, por su parte, deben dejar de usar a la Fuerza Pública como suelen hacerlo, con  injerencias indebidas que causan  grave daño a la democracia, a la independencia y autonomía de nuestras  instituciones militares y policiales, particularmente en  elecciones.

Es totalmente comprensible que el comandante del Ejército respalde y se pronuncie ante las infamias cotidianas que lesionan la moral, la integridad y la fuerza de nuestros soldados y policías, de hecho es su obligación. Pero ripostar en actitud desafiante  a un candidato presidencial que se ubica con opción de ocupar la primera magistratura, realmente es inútil e incomprensible. En un escenario hipotético, ¿cuál será entonces la actitud de los “muchos Zapateiro” que quedan en la fuerza? Ni lo uno, ni lo otro es democrático. Colombia no puede perder su tradición civilista y democrática desde el seno de su Fuerza Pública, otra cosa es la amenaza, muy seria, que pueda significar para la nación un candidato electo con ínfulas y/o estrategias soterradas dictatoriales de izquierda o de derecha.

La Procuraduría General de la Nación ha iniciado investigacion disciplinaria para determinar si el señor general Zapateiro excedió sus funciones de servidor público. Muy importante esta decisión de cara a futuros escenarios que puedan repetirse. Al mismo tiempo deberían develarse conductas inapropiadas y recurrentes de altos oficiales que en época preelectoral asumen compromisos secretos con candidatos políticos para acceder a cargos de poder. Conducta tradicional que existe aquí y en todos los lugares del mundo,  y que debe proscribirse por el bien de las instituciones y de la democracia.

Desde el nacimiento de los Ejércitos y las Policías del mundo, ha sido natural su afinidad a los principios y valores conservadores, bases de la doctrina de seguridad y defensa de los Estados; pero es mandato e imperativo constitucional, y especialmente en períodos de profunda convulsión y polarización política; evolucionar adaptando nuestra  mentalidad y actitud patriótica y democrática para acatar, respetar y obedecer a los Gobernantes elegidos legítimamente, como ha ocurrido a través de la historia en nuestra democracia reciente. Muchos han dicho que abandonarían el país, lo que nunca hará la Fuerza Pública, por el contrario, le corresponde ser el sostén y baluarte de la democracia.

Es claro, la declaración del general Zapateiro nada tiene que ver con participación en política, tampoco es deliberación, ni faltó a la verdad, buscaba un fin altruista; mal logrado por una frase inapropiada que coloca tinte político a su mensaje. Ingénua imprudencia, considerado por algunos un riesgo político valiente y necesario, cuando se trata de una legítima defensa, a ultranza, de la integridad y sacrificio de los soldados y policías de la patria.

LPNSN: Importante la declaración del General Hugo Carvajal. Ojalá la Corte Suprema de Justicia logre   además materializar la cooperación del General Cliver Alcalá y de la Ex Fiscal Luisa Ortega. El futuro de la democracia colombiana lo necesita.

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