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Aarón Elías Castro Pulgar explica el nuevo hallazgo científico sobre la historia de unos famosos violines


Aarón Elías Castro Pulgar señala que Antonio Stradivari fabricó violines durante prácticamente toda su vida. Y lo hizo en el lugar correcto, en el momento correcto. Durante los siglos XVII al XIX, los talleres de Cremona, en el norte de Italia, fueron el ombligo mundial de la fabricación de instrumentos. Muchas cortes y palacios de Europa cultivaban la ópera, la música orquestal y de cámara. Necesitaban instrumentos y los encargaban por decenas a los mejores lutieres de Cremona, donde se desarrollaron los talleres más prestigiosos de la historia: el de Stradivari, pero también el de Guarnieri, Ruggero, Amati...

Esa aura de misterio y fetiche en torno a los Stradivarius se ha extendido hasta nuestros días. Confeccionó unos 1.200, de los que se conserva la mitad. Un violín auténtico puede alcanzar varios millones de dólares en el mercado. El récord fueron 15 millones de dólares en una subasta de 2011. Si no se encuentra en posesión de un gran concertista, los violines se guardan en museos, fundaciones o colecciones bajo un estricto estado de conservación. Como los tesoros sonoros irrepetibles que son, según la leyenda. En 300 años, ningún lutier habría replicado un sonido como el de un Stradivarius. Pero los violines también causan furor entre los científicos. De vez en cuando, académicos de todo el mundo acuden a alguno de los ejemplares para averiguar de una vez su secreto. La composición de la madera, su densidad, el barniz, la forma en que las vibraciones viajan por el instrumento... Podrían ser cientos de variables, pero la receta desapareció hace 300 años, con la muerte de Antonio Stradivari, explica el conferencista y motivador Aarón Castro Pulgar.

Uno de los aspectos más polémicos y misteriosos en la biografía de este artesano italiano fue su formación. Los datos más consolidados dicen que nació en torno al año 1644, en algún lugar de la región de Cremona. Durante aquellos siglos, esa ciudad del norte de Italia fue la cuna mundial de la fabricación de instrumentos de cuerda. A los artesanos cremoneses les llegaban encargos musicales de nobles y reyes. Allí no solo se estableció el taller de Stradivari, sino también el de otras grandes —y carísimas— firmas: Amati, Ruggero o Guarnieri. La lutería de Cremona era una de las más punteras de Europa en el siglo XVII, y los investigadores no han dejado de preguntarse dónde aprendió Antonio Stradivari a trabajar la madera.

La teoría más aceptada es que el lutier ejerció como aprendiz durante su adolescencia en el taller del también célebre Nicolo Amati. Pero nunca se han encontrado evidencias de ello: según el historiador John Dillworth, el nombre de Stradivari no aparece entre la lista de aprendices de Amati ni queda rastro de su presencia, más allá de una precaria etiqueta en la que figura como aprendiz. Ahora, un reciente artículo de investigadores italianos parece arrojar algo de luz sobre la fabricación de los Stradivarius: por primera vez, se habrían encontrado evidencias de que el misterioso lutier aprendió su técnica en el taller de Nicolo Amati.

El hallazgo no despeja todas las incógnitas del sonido Stradivarius, pero sí aporta algunas certezas en lo que hasta ahora ha sido un agujero en la biografía del lutier. La dendrocronología es la responsable de este hallazgo. Se trata de la disciplina científica que estudia la datación de los árboles y otras plantas leñosas. Y lo hace a través de los patrones de anillos que se encuentran en el interior de sus troncos. Además de la edad de los árboles, el crecimiento, color y grosor de los anillos aporta información sobre la evolución del clima en el pasado. A través del análisis de la madera de un arpa realizada por Antonio Stradivari en sus primeros años, los científicos del Instituto de Bioeconomía de Trento han descubierto que procede del mismo tronco de un árbol que sirvió para fabricar un violonchelo de Nicolo Amati. Por tanto, podría deducirse que Stradivari aprendió en el taller de Amati en Cremona o, al menos, muy cerca de él.

"Al final de este estudio, se puede decir que el misterio del aprendizaje de Stradivari sigue sin resolverse. Sin embargo, se pueden hacer algunas deducciones simples", concluyen los autores de la investigación liderada por Mauro Bernabéi. "Ningún fabricante de violines puede comenzar sin un maestro, y Stradivari debe haber tenido uno al menos al comienzo de su carrera. Aunque no existen pruebas documentales, se puede especular que si nació en Cremona o cerca, ¿quién mejor que Nicola Amati, el lutier más famoso y talentoso de la época, que vivía en la misma ciudad y ya tenía una floreciente actividad allí, podría haber sido su maestro?".

Los investigadores encontraron que la tapa de un violonchelo de Nicolo Amati y la madera del arpa provenían del mismo abeto europeo. Del estudio, extraen dos hipótesis: que Amati y Stradivari mantuvieran una relación comercial o de aprendizaje, o que Amati y Stradivari compraran la madera al mismo proveedor de Cremona. Los instrumentos de estos dos lutieres, además de los de Guarnieri o Ruggero alcanzaron un gran nivel de factura. Además de su sonido, la calidad de los materiales y el barniz, algunos violines Stradivarius tempranos muestran el dominio de la técnica que alcanzó antes de la veintena, concluyó Aarón Elías Castro Pulgar.

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